La polimedicación en adultos mayores, un problema real para su salud  

Texto de @varelalaf para gestionclinicavarela.blogspot.com
En una sociedad cada vez más envejecida, el fenómeno de la polimedicación está emergiendo como un problema real de salud. Se trata de una cuestión de la que, para empezar, no disponemos ni siquiera de una definición convenida. Algunos han dicho que se trata de la ingestión concomitante de cuatro o más medicamentos en los últimos tres meses, otros elevan el listón hasta cinco fármacos diferentes, pero la mayoría de definiciones, sencillamente, no ponen cifras. La realidad es, sin embargo, que muchas personas mayores, probablemente más del 40%, toman cinco o más medicamentos diarios.
La polimedicación a menudo es fruto de la suma de prescripciones apropiadas de fármacos de efectividad probada en personas con diversas afecciones crónicas. En estos casos, desde el punto de vista de las guías de práctica clínica, todo estaría en orden, pero la realidad es bastante más compleja porque, para empezar, no hay demasiado conocimiento de las interacciones que más de dos medicamentos pueden infringir en las personas, en términos de cinética o de dinámica de los principios activos y, aún peor, de la potenciación de sus efectos adversos. Por otra parte, la práctica fragmentada de la medicina puede inducir, por sí misma, a todo tipo de duplicidades, especialmente porque se trata de pacientes que, en cada uno de sus reiterados ingresos, reciben abundantes prescripciones de los pertinentes especialistas que puntualmente han tenido cuidado de ellos.
Fruto de todo ello, en los botiquines de las personas mayores se acumula un montón de medicamentos supuestamente efectivos, a los que hay que añadir otros de dudoso valor, que no hacen más que complicar las cosas y, para terminar de arreglarlo, con todo el arsenal disponible, los pacientes, de manera errática, eligen los medicamentos que les parecen que más les convienen, en función de intuiciones o de perspicacias, o simplemente del color de las pastillas. En resumen, cada uno de los médicos receta de acuerdo con sus creencias, su experiencia o la evidencia publicada, mientras que los enfermos, por su parte, toman lo que les parece. En conjunto, un ejercicio de incomunicación, malentendidos, intoxicaciones y despilfarro.
Prescripción razonada de medicamentos

Ante la problemática de la prescripción inapropiada de medicamentos y de la polimedicación en personas mayores pluripatológicas, Gordon Schiff y colaboradores describieron una serie de recomendaciones dirigidas a los prescriptores, lista que denominaron “prescripción razonada de medicamentos”, de las que destaco las siguientes:

-Decidir de manera conjunta médicos y pacientes los objetivos que se quieren conseguir con los tratamientos.
-Antes de prescribir un medicamento, considerar, y comentar con los pacientes, la eventualidad de un tratamiento no farmacológico, o simplemente la adopción de una actitud expectante.
-Utilizar un abanico limitado y bien conocido de medicamentos.
-Ser prudentes y escépticos con los nuevos fármacos y las nuevas indicaciones.

-Observar un elevado grado de alerta para las reacciones adversas.

A estas recomendaciones propias de Gordon Schiff, por mi parte añadiría dos más. Se trata de dos propuestas que requieren el trabajo cooperativo entre el médico prescriptor, la enfermera referente y el farmacéutico de atención primaria, y que creo que son oportunas para conseguir ajustar los tratamientos a la forma de ser de cada persona:

-Averiguar cuál es la capacidad de comprensión que cada paciente tiene de la carga del tratamiento, de acuerdo con los principios del modelo de complejidad acumulativa descrito por Víctor Montori.

-Conciliar, de manera periódica, la medicación y plantear criterios de desprescripció. Esta es una tarea que la enfermera tiene que hacer en la mesa del comedor del paciente, en presencia de su cuidador y con el apoyo del médico de familia y del farmacéutico cuando sea necesario.

Una encuesta realizada a pacientes de Medicare en los Estados Unidos revela que a la mayoría de personas mayores les gustaría dejar de tomar tantos medicamentos, siempre que su médico lo crea oportuno. Parece, pues, que si queremos reducir los excesos de la polimedicación, la pelota está en nuestro tejado.

Jordi Varela
Editor

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